El mercado de soja continúa mostrando señales de debilidad, con los operadores migrando
posiciones del contrato enero 2026 al marzo 2026 —ahora el más negociado en Chicago—
en un contexto donde los precios ya retrocedieron más de USD 36 por tonelada desde los
máximos de noviembre. El entusiasmo que había generado el flujo de titulares vinculados a
China se fue desvaneciendo rápidamente y el movimiento terminó comportándose más
como un rally climático de corta duración que como el inicio de una tendencia sostenida. Sin
nuevos catalizadores alcistas que acompañen, especialmente luego de que los precios
superaran los USD 420 por tonelada en Chicago (aproximadamente USD 11,50 por bushel),
el mercado quedó expuesto a una corrección profunda.
En paralelo, el foco se desplaza hacia Sudamérica, donde el clima en Brasil se mantiene
mayormente favorable y refuerza las expectativas de otra cosecha récord. A esto se suma
la especulación de que los productores estadounidenses podrían incrementar entre 1,2 y
1,6 millones de hectáreas la siembra de soja en 2026 (equivalente a 3–4 millones de acres),
un escenario que, de confirmarse y con clima normal, volvería a inflar los stocks finales
globales. La incertidumbre en torno a la relación comercial entre EE.UU. y China, junto con
las dudas sobre la política de biocombustibles y energías renovables en Estados Unidos,
completa un combo poco amigable para los precios.
Si bien algunos participantes señalan que la caída en los precios en Chicago fue demasiado
rápida y no descartan un rebote técnico de corto plazo, el balance de fondo sigue
mostrando escasos argumentos para sostener una recuperación de precios más sólida. Con
muchos compradores recientes ahora al margen y un flujo de noticias predominantemente
bajista, la soja atraviesa una etapa de repliegue, en la que la cautela domina y las
estrategias defensivas ganan protagonismo.