La guerra en Medio Oriente, que enfrenta a Estados Unidos e Israel por un lado, e Irán por
el otro, sigue impactando de manera directa en el precio de los granos y los subproductos,
llevando a la soja a cotizar a valores máximos desde mayo de 2024 en el mercado de
Chicago, mientras que en el caso del aceite, el efecto alcista es más contundente, llegando
a su nivel más alto desde finales de 2022.
Así, el contrato de mayo del poroto subió durante este viernes US$ 8,45 hasta los 441,7 la
tonelada, mientras que el aceite lo hizo en US$ 16,3 a US$ 1.464,7 y la harina US$ 9 a US$ 350.
Por el lado de los cereales, el maíz avanzó US$ 2,95 a US$ 181,5 y mientras que el
trigo subió US$ 12,6 hasta los US$ 227.
Analistas consultados por Clarín coincidieron en que el factor determinante que impulsa los
precios de los commodities agrícolas es el salto en los valores del petróleo y el gas,
traccionando principalmente las cotizaciones de los aceites con los cuales se elaboran
biocombustibles.
“El punto más sensible hoy de la guerra en Medio Oriente es el Estrecho de Ormuz, un paso
estratégico por donde circula una porción importante del comercio mundial de petróleo. La
interrupción o fuerte reducción del tráfico en esta vía está impulsando al alza a la soja. Pero
no solo está en juego el crudo ya que por ese mismo corredor también se transportan
fertilizantes que no paran de subir”, explicó la analista de mercados y asesora financiera,
Mariela Brandolin.
Según Brandolin, “cuando el petróleo sube, la soja y el maíz tienden a acompañar. En la
soja, el vínculo se da a través del aceite y su relación con el biodiesel: un crudo más caro
mejora la competitividad de los biocombustibles y fortalece la demanda de aceite. En el
maíz ocurre algo similar por su relación con el etanol”.
“A todo esto se suma el rol de los fondos financieros. En contextos de mayor incertidumbre
geopolítica y de posibles presiones inflacionarias —algo frecuente cuando sube el
petróleo— los inversores suelen aumentar su exposición a commodities, y en particular las
materias primas agrícolas, como forma de cobertura en activos vinculados al sector
alimentario”, completó la especialista.