La carne aviar se ha convertido en la proteína favorita del siglo XXI; y esta tendencia se ha
acelerado en los últimos 4/5 años, según el RaboBank. Por eso señala que la producción
aviar ha aumentado de 48.300 millones de toneladas en 2006 a 76.200 millones de
toneladas en 2023.
Este fenomenal aumento ha modificado en sus raíces el negocio agroalimentario mundial, y
ha transformado los paisajes rurales en el mundo entero.
Más allá de eso, lo fundamental es que este vuelco a la carne aviar se ha convertido en la
principal vía de acceso para el consumo de proteínas baratas y altamente nutritivas de
inmensas multitudes de pobladores del Continente Africano, Asia, y el Norte de África.
El consumo de pollos fritos y el auge de las “comidas rápidas” se han convertido en la
principal forma de alimentación para más de la mitad de la población del planeta, en un
continuo que se revela desde el estado de Kentucky en EE.UU a la inmensa ciudad de
Bombay en India.
Por cierto, que esta expansión incesante de la producción aviar está acompañada de
severos problemas de polución, diversas enfermedades tanto de los animales como de las
personas, y crónicas epidemias.
El resultado es que la demanda de “comidas rápidas” esencialmente aviarias es inmensa y
creciente en todas partes; y frente a ella la oferta resulta cada vez más restringida, lo que es
objeto de críticas constantes y de cuasi-pánicos colectivos.
Además, hay una oposición en muchas comunidades locales a la construcción de nuevas
unidades aviares, ya sean en sus territorios o en sus cercanías; y este rechazo sucede tanto
en Europa como en África, en América del Sur, y los países escandinavos. El flanco débil
del negocio aviario es el costo creciente de los insumos alimentarios. El margen de los
negocios es muy reducido – típica característica de la producción y venta de commodities -.
Según la FAO (Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y el Desarrollo) la
demanda de carne aviar ha crecido de casi cero toneladas en 1961, a 150 millones de
toneladas en 2023.
Ha aumentado, en suma, 50 millones de toneladas cada 10 años; y la tendencia adquiere
creciente aceleración; y ha dejado atrás, quizás para siempre, tanto a la carne porcina como
a la vacuna.