Tras la cosecha récord 2026/27, el Departamento de Agricultura de Estados Unidos
pronostica otro crecimiento de la cosecha argentina de girasol, que podría alcanzar la
barrera de los 8 millones de toneladas.
El girasol argentino atraviesa uno de los mejores momentos de su historia. Después de una
campaña 2025/26 que dejó cifras récord en producción, superficie y rindes, las perspectivas
para el próximo ciclo son todavía más ambiciosas.
Según el último informe de coyuntura elaborado por la Asociación Argentina de Girasol
(ASAGIR), el mercado internacional espera que el país continúe expandiendo su liderazgo y
consolide su papel como proveedor estratégico de aceite y subproductos.
Las señales llegan desde el propio Departamento de Agricultura de Estados Unidos
(USDA), que en su informe mensual publicado el 12 de mayo proyectó que Argentina
alcanzará una producción de 8 millones de toneladas en la campaña 2026/27.
De concretarse, significaría un crecimiento interanual del 14,2% y un nuevo récord histórico
para el cultivo.
El dato no es menor en un contexto en el que la demanda mundial continúa creciendo y en
el que los principales jugadores buscan ampliar su oferta.
“La producción argentina de girasol escalará hasta las 8 millones de toneladas en la
próxima campaña”, destacó ASAGIR en el reporte elaborado por el economista Jorge
Ingaramo.
La expectativa internacional se apoya en una campaña que dejó resultados excepcionales
en prácticamente todas las regiones productivas del país.
De acuerdo con la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, la cosecha finalizó oficialmente el
pasado 6 de mayo con una producción total récord de 6,6 millones de toneladas y una
superficie sembrada histórica de 2,85 millones de hectáreas.
A eso se sumó un rendimiento promedio nacional de 23,6 quintales por hectárea, con
marcas inéditas en zonas como el NEA, el sur de Córdoba y el sudoeste bonaerense y
pampeano. Incluso en el sudeste de Buenos Aires, principal región girasolera del país, los
rindes promediaron 22,9 quintales pese a las complicaciones generadas por excesos
hídricos sobre el final del ciclo.