La articulación público-privada permitió ubicar el sector del ADN responsable del brotado
precosecha, un problema que puede causar hasta un 30% de pérdidas.
La Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA) y Advanta Semillas, con apoyo del Conicet,
lograron identificar la región del genoma del sorgo que incide en el brotado precosecha, una
anomalía que puede deteriorar la calidad y provocar pérdidas de hasta 30% del rinde.
Este hallazgo abre la puerta al desarrollo de híbridos tolerantes que conserven tanto la
productividad como la calidad.
El brotado previo a la cosecha ocurre cuando los granos germinan en la planta bajo
condiciones de humedad y temperatura elevadas, principalmente en otoño. Además de
pérdidas de rendimiento, compromete la calidad industrial y comercial del sorgo.
Cabe destacar que esta situación no sólo se da en años húmedos, como los condicionados
por el fenómeno Niño, sino que puede suceder en determinados ambientes bajo
condiciones específicas de campaña, al coincidir la madurez del cultivo con el otoño.
En tanto, el trabajo, publicado recientemente en la revista científica Plant Biotechnology
Journal, constituye un ejemplo de cómo el sector público y el privado pueden unir
capacidades complementarias para resolver problemas productivos concretos.
El sorgo es una planta de origen tropical que puede medir hasta 5 m de altura. A través del
mejoramiento genético se lo convirtió en un cultivo para climas templados y se le bajó la
altura hasta los 1,20 m para facilitar su cosecha y evitar que el viento lo vuelque. Ese
proceso se realizó en Texas, Estados Unidos, en la década del ’60.
El equipo de FAUBA y CONICET —liderado por Roberto Benech Arnold y Verónica
Rodríguez— identificó un sector del cromosoma 9 vinculado a la dormición de las semillas,
separado del gen de enanismo que afecta la altura de la planta. Esto abre la posibilidad de
obtener híbridos que mantengan buena arquitectura para la cosecha mecánica y, al mismo
tiempo, mayor tolerancia al brotado.
En la investigación fue clave el aporte de Advanta, que desde 2019 colaboró aportando su
plataforma de marcadores moleculares y su experiencia en genética aplicada desde su
centro de investigación en College Station, Texas.
“Este trabajo muestra el valor de los proyectos público-privados. FAUBA tenía el material y
la población de mapeo, y nosotros sumamos la genómica. Así logramos identificar una
región genética clave que ahora nos permite analizar nuestros materiales y acelerar el
desarrollo de híbridos más seguros para el productor, destacó Pedro Pardo, coordinador de
I+D de Advanta.