Con un stock que permanece estancado, el Rosgan advierte que el verdadero camino pasa
por mejorar la productividad por animal, apalancado en recrías más eficientes, mayor peso
de faena y una integración cada vez más sólida entre campo y corral.
La ganadería argentina atraviesa una etapa de definiciones clave. Superadas las
restricciones climáticas más severas de los últimos años, muchos analistas esperaban que
2025 marcara con claridad el inicio de una fase de retención.
Sin embargo, los números oficiales de faena todavía no confirman ese cambio de ciclo y
vuelven a poner el foco en un interrogante central: cómo producir más carne con un stock
que permanece prácticamente estancado.
Desde el Rosgan, sostienen que “el problema de fondo no es cuánto se faena, sino cuánta
carne se logra producir por cada animal que integra el rodeo nacional”.
En 2025, la faena anual alcanzó los 13,6 millones de cabezas, lo que implica una baja
interanual de apenas 2,5%, una corrección leve que todavía mantiene a la tasa de
extracción en niveles exigentes.
Con un stock inicial estimado en 51,6 millones de cabezas, la tasa de extracción se ubicó
por encima del 26%.
“Si bien muestra una leve caída respecto de los dos ciclos previos, sigue muy cerca de los
umbrales de equilibrio”, advierten desde el Rosgan.
El dato no es menor si se considera que el número de terneros nacidos por año continúa
estancado entre 14,5 y 15 millones de cabezas, lo que limita seriamente la capacidad de
reposición del sistema.
En este contexto, el análisis del Rosgan es claro y va a contramano de algunas miradas
tradicionales. “Reducir la tasa de extracción no debería ser el objetivo principal”, remarcan.
Por el contrario, el desafío pasa por generar las condiciones productivas para sostener —e
incluso elevar— esa tasa sin comprometer el stock.
La comparación internacional es elocuente: países como Estados Unidos y Australia operan
con tasas de extracción cercanas al 35%, muy por encima de las argentinas.