El mercado de la soja atraviesa un momento de alta tensión: en medio de la presión
estacional de la cosecha que suele deprimir los precios, la actual campaña rompe los
manuales, debido a un fuerte descalce entre la necesidad de la oferta y la urgencia de la
demanda.
A nivel global, el contexto jugó a favor de la molienda. Los precios internacionales de la
harina y el aceite de soja de Argentina encontraron combustible al alza debido a las
crecientes tensiones entre Estados Unidos e Irán y la mejora en el precio internación del
aceite producto de políticas de biocombustibles más agresivas.
Con este viento de cola, los márgenes teóricos de la industria llegaron a rozar los U$S 60
por tonelada.
Ante este panorama, las fábricas ingresaron a la campaña con pocas compras a precio
cerrado y un bajo volumen de negocios a fijar, y con una puesta clara: esperar a que el
ingreso masivo de las cosechadoras a los campos inundara el mercado para originar
mercadería a valores más competitivos. Sin embargo, la realidad impuso otro ritmo.
El primer factor de distorsión fue el clima, porque las lluvias demoraron el ingreso de las
máquinas a los lotes, profundizando aún más el atraso en la comercialización de la soja.
El segundo factor fue logístico: la baja disponibilidad de camiones en ciertas zonas, sumado
a que el movimiento de carga se concentró fuertemente en la región central del país ante
costos de combustibles disparados, lo que dificultó el traslado de los granos.
El tercer factor, y que cambia las reglas de juego, es actitudinal e inclusive político: retener
la oleaginosa alentados por la expectativa de una pronta baja o quita de los derechos de
exportación (DEX), y respaldados por la idea de que “la soja siempre da revancha”.
Tradicionalmente, durante mayo y junio el productor hace “la caja” necesaria para cubrir los
vencimientos de los insumos, los costos de la cosecha y las deudas corrientes, con soja.
Sin embargo, este año la dinámica parecería estar cambiando: datos al 6 de mayo
demuestran que la liquidez necesaria se está buscando mayoritariamente a través de la
venta de maíz, girasol y trigo.
Esto tiene su correlato en una comercialización de soja que se mantiene atrasada, con solo
12% de la producción con precio versus un promedio para la fecha de 20%.