La falta de compras concretas por parte de China y la chance de una reapertura del
Estrecho de Ormuz empiezan a cambiar el humor de los mercados agrícolas. Mientras
crece la presión bajista sobre soja, maíz y trigo, en Argentina avanzan la cosecha y la
siembra, con la baja de retenciones como intento de sostén para la rentabilidad.
La expectativa de un nuevo impulso para los precios agrícolas internacionales comenzó a
enfriarse. La falta de compras efectivas de China sobre productos estadounidenses y la
posibilidad de una tregua en Medio Oriente, que garantice la libre circulación comercial en el
Estrecho de Ormuz, generaron un escenario de mayor presión bajista para los mercados de
granos.
Según explicó Dante Romano, profesor e investigador del Centro de Agronegocios y
Alimentos de la Universidad Austral, el mercado empieza a mostrar señales de impaciencia
luego de los anuncios realizados tras la reunión entre Estados Unidos y China a principios
de mayo. “El mercado esperaba que los compromisos se tradujeran rápidamente en
compras físicas y eso todavía no está ocurriendo”, advierte el especialista, quien señala que
los fondos especulativos podrían acelerar una toma de ganancias y profundizar la
corrección de precios.
En soja, la incertidumbre sobre China convive con algunos factores de sostén desde Asia.
India comenzó a importar materia prima tras una menor producción local, mientras
Indonesia sumó dudas al centralizar exportaciones de aceite de palma. En paralelo, en
Estados Unidos la siembra avanza a buen ritmo, aunque persisten focos de sequía. En
Argentina, la cosecha ya supera el 84% y, con menor presión de ingreso de mercadería a
los puertos, los compradores mejoraron su capacidad de pago.
Para el maíz y el trigo, el panorama también mezcla señales cruzadas. Mientras Estados
Unidos mantiene exportaciones firmes y el avance de siembra acompaña, la cosecha
argentina de maíz todavía marcha lenta por cuestiones climáticas y prioridades operativas.
En trigo, la reciente baja de retenciones mejoró parcialmente la ecuación económica local,
aunque la caída de precios internacionales terminó neutralizando parte del beneficio.
En este contexto, Romano sostiene que el mercado seguirá muy atento a dos variables: el
comportamiento de China y el frente geopolítico en Medio Oriente. Si no aparecen compras
concretas o nuevas amenazas sobre la oferta global, el escenario podría seguir dominado
por precios más presionados y mayor volatilidad para los granos.